Redacción: Mirian Leandres
Hay maternidades que nacen lejos de casa y aprenden a crecer entre cambios, despedidas y nuevos comienzos. La historia de Jhossua Sosa Díaz, de 30 años, está marcada precisamente por eso: por la capacidad de reconstruirse sin dejar de cuidar a los demás.
Nació en Venezuela, hija de padres migrantes, en un entorno donde adaptarse siempre fue parte de la vida. Desde joven soñó con estudiar Medicina, aunque el camino terminó llevándola hacia otra profesión.
“Yo quería ser médica, pero no me dejaron”, recuerda.
Fue así como eligió la enfermería, una decisión que al inicio no terminaba de convencerla. Sin embargo, todo cambió durante una experiencia laboral en Bogotá, Colombia, donde comenzó a trabajar en un geriátrico llamado Hogar Madre Marcelina.
“Allí descubrí mi verdadera vocación”, cuenta.
En ese lugar conoció a la hermana Rosa María, una religiosa que logró ver en ella algo que todavía no reconocía completamente.
“Ella me decía: ‘Te gusta cuidar a los abuelos’”, recuerda emocionada.
Gracias a ese impulso, Jhossua consiguió una beca para especializarse en geriatría y gerontología. Desde entonces entendió que el cuidado de adultos mayores no solo requiere conocimientos técnicos, sino también sensibilidad y vocación.
“Hay que darles amor y cariño, aunque no sean nuestra familia”, afirma.
Años después, su historia la llevó hasta Arequipa, ciudad donde decidió empezar nuevamente junto a su familia. Adaptarse a un nuevo país no fue sencillo, especialmente mientras intentaba equilibrar el trabajo, el emprendimiento y la crianza de sus hijos.
Actualmente es madre de tres hijos y de una bebé de nueve meses. Además, dirige el geriátrico Villa Edén, espacio que fundó con el objetivo de brindar atención digna y humana a los adultos mayores.
“Soy mamá las 24 horas y también enfermera las 24 horas”, dice.
Su maternidad estuvo marcada por sacrificios y largas jornadas de esfuerzo. Mientras estudiaba y trabajaba, reconoce que muchas veces no pudo compartir todo el tiempo que hubiese querido con sus hijos mayores.
La llegada de su última hija representó también una nueva etapa personal. Una maternidad más consciente y cercana, donde aprendió a equilibrar mejor su vida profesional y familiar.
“Ahora me he tomado el tiempo de ser mamá”, comenta.
Esa enseñanza hoy intenta transmitirla a sus propios hijos, involucrándolos en sus actividades diarias y enseñándoles la importancia del respeto y el cuidado hacia los adultos mayores.
En Villa Edén conoció historias difíciles de abandono y maltrato hacia personas de la tercera edad. Lejos de endurecerla, esas experiencias reforzaron su compromiso.
“Buscamos que los adultos mayores no pierdan el cariño ni la dignidad”, afirma.
Para Jhossua, cuidar significa mucho más que atender necesidades básicas. Significa acompañar, escuchar y hacer sentir importante a quien muchas veces es olvidado.
En este Día de la Madre, su historia refleja la realidad de muchas mujeres migrantes que deben empezar desde cero mientras sostienen una familia y construyen nuevos sueños.