El Perú mantiene una deuda histórica con Manuela Sáenz, figura clave en la independencia americana y estrecha colaboradora de Simón Bolívar, afirmó el presidente de la Sociedad Bolivariana del Perú, Raúl Chanamé Orbe, en entrevista para Andina, quien instó a reivindicar su papel en la historia y preservar los espacios donde vivió y participó en momentos cruciales de la emancipación continental. “Ella amó y creyó en el Perú, que es donde descansan sus restos”, sostuvo.
El especialista destacó especialmente la casa hacienda ubicada en Pativilca, en la provincia de Barranca, donde actualmente funciona el Museo Bolivariano, señalando que ese inmueble tiene un valor histórico excepcional por haber sido escenario de decisiones trascendentales en la lucha independentista. “Fue allí donde Bolívar conceptualizó la guerra de la independencia americana en un momento extremadamente difícil, mientras enfrentaba el paludismo”, explicó.
Chanamé también puso en relieve la vivienda ubicada frente a la Plaza de Armas de Pueblo Libre, en Lima, donde también residió Manuelita Sáenz, proponiendo que sea convertida en un museo histórico. Según indicó, estos espacios no solo preservan memoria arquitectónica, sino episodios fundamentales de la construcción republicana del continente.
Como antecedente histórico, recordó que Sáenz no solo fue compañera sentimental del libertador, sino una protagonista política y estratégica del movimiento emancipador. “No fue solamente una pareja sentimental, sino una articuladora del pensamiento independentista”, remarcó, recordando además que incluso salvó la vida de Bolívar durante la Conspiración Septembrina en Bogotá, cuando un grupo intentó asesinarlo para apartarlo del poder.
“Era una adelantada a su tiempo, con un carácter férreo que nadie venció”, enfatizó el historiador, quien consideró urgente que el Perú fortalezca el reconocimiento público a una figura femenina decisiva en la independencia. El debate cobra relevancia en medio de renovados esfuerzos por rescatar personajes históricos cuya contribución fue minimizada durante décadas en la narrativa oficial latinoamericana.