Pyongyang rompe con una de sus viejas banderas
Corea del Norte eliminó de su Constitución todas las referencias a la reunificación con Corea del Sur, en una decisión que marca uno de los cambios políticos más significativos del régimen en décadas. La modificación, incorporada en la versión revisada de la Carta Magna, oficializa el abandono de una de las líneas históricas del discurso norcoreano: la idea de una sola Corea destinada a reunificarse.
Durante años, la Constitución norcoreana incluyó una cláusula que fijaba como objetivo “lograr la reunificación de la patria”. Ese principio desapareció por completo del nuevo texto, según documentos revisados en Seúl y difundidos por agencias internacionales. La señal es clara: Pyongyang ya no plantea la reunificación como horizonte político, sino que consolida la idea de dos Estados separados en la península.
Kim endurece su línea y redefine a Corea del Sur
La reforma constitucional se alinea con el giro político impulsado por Kim Jong-un, quien en los últimos meses endureció su discurso contra Seúl y pasó a definir a Corea del Sur como el “Estado más hostil”. La nueva doctrina rompe con décadas de retórica oficial que, al menos en el plano simbólico, seguía sosteniendo la aspiración de una futura unificación coreana.
El nuevo texto también redefine formalmente el territorio norcoreano. Por primera vez, la Constitución delimita a Corea del Norte como un Estado con fronteras propias: China y Rusia al norte, y la República de Corea al sur. El cambio no es solo geográfico, sino político. Pyongyang deja de presentar al Sur como parte de una nación dividida y pasa a reconocerlo, en los hechos, como una entidad separada.
Seúl ya no es “la otra mitad”, sino un vecino rival
La reforma supone una ruptura simbólica profunda. Durante décadas, incluso en los momentos de mayor tensión militar, el régimen norcoreano mantuvo la narrativa de una península dividida por circunstancias históricas, pero unida en identidad nacional. Esa fórmula fue desechada.
Aunque la nueva Constitución no incluye una declaración explícita que catalogue a Corea del Sur como “enemigo”, como se especulaba en Seúl, el mensaje político no deja demasiado margen de interpretación: Corea del Norte ya no habla de reunificación, sino de separación. Analistas surcoreanos consideran que el cambio busca proyectar a Pyongyang como un Estado cerrado, soberano y militarmente autónomo, con menos espacio para discursos de conciliación.
Más tensión en una península cada vez más frágil
La decisión llega en medio de una nueva escalada regional. Kim Jong-un ha reforzado su retórica militar, prometió ampliar su arsenal nuclear y solo en abril ordenó cuatro pruebas de misiles, el mayor número en un solo mes en más de dos años. Al mismo tiempo, el régimen estrechó aún más sus vínculos con Rusia, con apoyo militar y cooperación estratégica en plena guerra en Ucrania.
En contraste, el presidente surcoreano Lee Jae Myung había intentado reabrir canales de diálogo sin condiciones previas y habló de “hacer florecer la paz” en la península. Pyongyang no respondió. En cambio, optó por borrar de su Constitución el último rastro formal de reunificación.
Corea del Norte no solo modificó un texto legal. Cambió una de las bases ideológicas sobre las que construyó su relato durante décadas. Y con esa decisión, la distancia entre las dos Coreas ya no es solo militar o política: ahora también es constitucional.