Nuevamente, Arequipa, nuestra ciudad, vuelve a ser el centro de atención en torno a temas de discriminación y racismo. Hace unas semanas, el ahora vacado alcalde de la ciudad, el exárbitro de fútbol Víctor Hugo Rivera, colocó vallas en todo el perímetro de la conocida plaza España, impidiendo no solo el desarrollo de las diversas actividades culturales que allí se realizaban, sino también el libre tránsito por ella. Hace unos días, la nueva alcaldesa tomó la decisión de retirar las vallas y devolver la plaza a la ciudadanía.
Las reacciones no se hicieron esperar. Diversos arequipeños “natos” y de “pura cepa” expresaron su educada oposición a la medida en las redes sociales de la Municipalidad Provincial de Arequipa: “Que horrible se ve las calles de mi bella Arequipa, con esas danzas que no son de Arequipa”, “Ya no debería llamarse “plaza España” si no “plaza Bolivia” “Ahora se convertirá en chupodromo y meadero al estilo Juliaca” “Los bolivianos volverán a mear toda la plaza” “Por qué quieres que regren los bailarines de saya no pareces arequipeña ellos vienen a ensayar sus pasos Saya caporales como calentamiento para su día de candelaria”. “Es que la nueva alcaldesa tiene cara de puneña, hay que comprender”. “Esa pezuñenta baila esas huevadas por eso saco las ballas”. Disculparán los errores y horrores ortográficos, pero al parecer los arequipeños de verdad saben mucho de danzas y cultura, aunque poco o nada de redacción. Conviene recordar que la palabra ciudad proviene del latín civitas, que significaba originalmente “ciudadanía” o “conjunto de ciudadanos”.
En los últimos años hemos asistido a un enclaustramiento de calles y plazas principales: bajo el pretexto de mantener el orden y la seguridad, se ha limitado y prohibido el uso que por naturaleza nos corresponde a los ciudadanos, sin importar de dónde vengamos. La lógica, si cabe el término, no es prohibir, sino educar sobre el uso adecuado de los espacios públicos, mediante campañas de concientización, control, vigilancia y, en último extremo, sanciones correctivas y restitutivas.
En este sentido, la educación juega un papel fundamental. No se trata solo de enseñar a bailarines y demás usuarios del espacio público a cuidar y mantener limpias las calles, sino también de educar a quienes, como se aprecia en los comentarios mencionados anteriormente, demuestran su total desprecio e ignorancia por la cultura en general. ¿Qué pensarían si se enteraran de que, como bien recuerda el arquitecto Diego Barrientos (autor de la imagen que acompaña esta columna), hace más de 100 años esta plaza recibía el nombre de plaza de Puno, debido a que era la salida de Arequipa hacia dicha ciudad? Un poco de información y educación nunca cae mal a nadie.