Luego de haber vivido con fe y devoción los ritos de Semana Santa, y a siete días de las elecciones generales de 2026, viene a mi mente una de las frases que Jesucristo exclamó en la cruz, sintiendo el dolor, la tristeza y la soledad de quien se hallaba condenado por un crimen que no cometió: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Pues eso mismo nos preguntamos todos los peruanos y peruanas que iremos a votar, después de ver a más de treinta candidatos presidenciales debatir durante seis días: “Señor, ¿por qué nos abandonaste?”
Sin embargo, el lamento que muchos de nosotros expresamos ante la paupérrima oferta política no debería estar dirigido a un tercero. No es Jesús ni nadie más el responsable de esta terrible situación; somos nosotros los culpables. Así como Jesús le dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, de igual manera podría decir: “Pueblo peruano, ahí tienes a tus candidatos”.
Esa coalición mafiosa de la DBA, que nos ha gobernado y ha destruido la poca institucionalidad que teníamos, está en el Ejecutivo y en el Parlamento porque fue la población, con sus votos, la que les otorgó poder, poder que ejercieron con abuso y descontrol. En campaña, el pacto mafioso promete de todo, como dice la canción: “Haremos casas de ochenta pisos, ómnibus nuevos, más de cien mil (…) y las corvinas, sobre las olas, nadarán fritas con su limón”. Son falsos profetas que aseguran que, si votamos por ellos, “estaremos con ellos en el paraíso”. Pero cuando llegan al poder nos cholean, nos terruquean, nos balean, nos golpean. Ese es su accionar, y nada hace pensar que vaya a cambiar; todo lo contrario, estoy plenamente convencido de que el abuso y la autocracia se normalizarían. Los peruanos tenemos múltiples carencias. Al igual que Cristo, exclamamos: “Tenemos sed”. Pero no solo del líquido elemento: tenemos sed de buenas autoridades, de gestores eficientes del aparato estatal, de gente honesta que no nos vuelva a defraudar. Llevamos más de veinte años creciendo macroeconómicamente, pero en lo micro la desigualdad sigue aumentando.
¿Realmente “todo está consumado”? Sabemos muy bien que la coalición mafiosa de la DBA son los responsables de esta crisis, pero como buenos peruanos muchos pensarán en perdonarlos, dándoles una segunda oportunidad, creyendo ingenuamente que “no saben lo que hacen”. Falso, estimados lectores: esta mafia sí sabía lo que hacía, y eso los convierte en un mayor peligro para nuestro país, ya que su responsabilidad no es por ignorancia u omisión, sino por acción. Que esta Semana Santa haya servido para reflexionar sobre nuestro presente y sobre el futuro terrenal que queremos para nuestra patria. Todo está en nuestro voto.
Parafraseando la última palabra de Jesús en la cruz: “Perú, en tus manos está nuestro futuro”.